MAyo

WhatsApp Image 2018-05-06 at 7.06.59 PM.jpegCon el título que elegí para esta nota, va a estar difícil decir que soy de las que cree que ser mamá y (además) ser mujer es lo que hay que hacer porque si una pierde de vista su YO y “se deja” entonces blablablabla.

El título de esta nota es MAyo…y lo que quiero decir con eso es que es bastante complicado, por lo menos en un inicio, ser otra cosa más, además de ser mamá.

A los días de abrir este espacio (blog) una mamá conocida me escribió lo siguiente: “Ahora yo también tengo 2 (hijos), y en ocasiones, el trabajo que rodea a la maternidad me cansa. Conste, la maternidad no me agobia, sino todas las cosas paralelas que hay que hacer al mismo tiempo. A veces quisiera sólo ser mamá, y ya.”

Tiene los dedos llenos de razón; los dedos que le hayan quedado libres para escribir lo que escribió, los tiene llenos de razón.

O ceno y me divierto hasta altas horas de la noche, con amigas, o voy al gym 7 am.

O me levanto temprano y hago orden en casa, o disfruto panza arriba en la cama, mirando la torre de ropa para guardar.

YO no puedo todo; yo no. Soy consciente y lo acepto y elijo renunciar a algo.

Probablemente a veces no elija, y renuncio por default. Otras veces renuncio porque me siento obligada. Muy pocas veces porque decido aplicar el chupahuevismo (valemadrismo, en méx). Y alguna vez sin darme cuenta, renuncié y es una cagada.

Antes de ser mamá yo no usaba short debajo de los vestidos, sino que tuve que hacerlo para no exhibir mi culo porque a mi hija se le ocurría levantarme la falda.

Me di cuenta que improviso menos y cargo con más cosas porque ni vivo ni viajo sola, y que me gusta más estar preparada para un imprevisto (vómito, caca, aburrimiento, hambre) que no estarlo.

Elijo hablar en plural porque somos y no soy, porque comemos y no como, porque paseamos y no paseo; y si bien muchas veces comemos lo que yo quiero y vamos donde yo quiera, muchas otras veces no, y estoy ok con eso, porque es parte de la vida en pareja, en familia, y de la maternida(r).

Años atrás siendo muy feliz pensaba en cómo iba a cambiar mis fines de semana por lo que tengo hoy. Hoy claramente no.

En el pasado me angustiaba imaginar las vidas de quienes tenían días similares a los que tengo yo hoy.

Hoy no. ¿Y por qué no? Porque dejé ir parte de quien era yo antes. Porque me despedí de alguien que fue genial en una época y menos genial en otra. Porque si no lo hubiera hecho, no podría estar donde estoy hoy, y esa decisión la tomé feliz, no consciente porque para nada me imaginaba lo que era esto de ser padres, pero la tomé con ganas. Con poco miedo, con intriga, con incertidumbre, con cosita en la panza. La tomé de un solo trago y sin mirar atrás.

El jueves es el Día de la Madre en México y más allá de lo comercial y las promociones y la cursilería, quiero extender una felicitación a las mujeres detrás de esas mamás. A las valientes mujeres que deciden, a pesar de lo que dicta la sociedad, ser mamás, buenas a veces, menos copadas (chidas) cada tanto; a las súuuuuper maquilladas y con tacones y a las que no llegaron a depilarse la segunda axila. A las que eligen trabajar, a las que tienen que trabajar, a las que no juzgan, a las que tratan de no juzgar y a las que casi casi lo logran; a las que aprenden y a las que aprenden de ellas mismas. Quiero felicitar a las que logran no compartir de su platillo y a las que lo regalan todo.

Mamás, mejor riámonos. Tomemos esas veces que no podamos elegir y que la vida, la pareja, los hijos, o el tiempo, elijan por nosotros, como un día con suerte; un día en el cual tuvimos una tarea menos para hacer.

Happy día, mamáses. Mexicanas y de todos lados, hoy también feliz vida.

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Tetamiga

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Hoy ayudé a alguien con tema lactancia.
Estas 2 últimas semanas tuve 2 casos cercanos de mujeres a quienes apoyé a falta de asesoras (ellas eligieron no llamar a una) y es impresionante lo que unas pocas palabras pueden hacer; quien dijo que “una imagen vale más que mil palabras” seguro no ayudó por teléfono o whatsapp a otra mujer a amamantar.

Es lo mismo que hace 4 años y es triste: poco apoyo en el hospital, poca información por parte de los profesionales de la salud, comentarios vacíos, molestos, odiosos y COMPLETAMENTE errados por parte de familiares, y ahí sigue ese dato feo que dice que “sólo un 14% de las mexicanas amamanta”.

Ya no doy asesorías. Se cumplieron los 2 años para tomar la certificación para convertirme en una Asesora de Lactancia certificada, y no lo hice; pero hay pocas cosas tan hermosas como un tet-a-teta con una amiga o una mujer que se convierte en amiga después de unas cuantas palmaditas y mucha info.
Así que cada tanto ayudo, a cercanas -más que nada- y somos felices después, ellas, sus bebés, yo, y la sociedad (me gusta creer).

NINGUNA de las mamás que me tocó apoyar tuvo un problema real con la lactancia, algún desorden hormonal, algún problema de salud; ninguna.
TODAS las mamás que acompañé tuvieron el maldito problema de la desconfianza.
Les dije, les digo, les diré: ¿Cómo carajo creen que el cuerpo va a ser capaz de crear vida y no alimentarla? ¿¡Dónde se vio algo así!?

El otro día, mi hija de 4 años me preguntó que para qué teníamos tetas. Después de saltar en una pata de la alegría que me dio que ella sola me lo preguntara y no tener que ser yo quien tenga que decírselo cual madre instructora, se lo expliqué; y ahora se los explico a ustedes que me leen: PARA AMAMANTAR.
Las tetas están, desde el desarrollo, preparadas (no listas pero preparadas) para amamantar. La piel del área preparada para estirarse. La areola preparada para oscurecerse. Las glándulas de Montgomery (“granitos” alrededor de la areola) preparada para expedir perfume. Pezones preparados para dejar salir leche. Hormonas preparada para funcionar y variar sus niveles. Bebés puestos para succionar.
Lo único que falta es poner el pecho y permitirse vivir esto hermoso que es dar la teta (digo hermoso porque me resultó y resulta hermoso, y como en todo, lo trabajoso no quita lo hermoso… por ejemplo: mi culo es hermoso después de meses de spinning, y claro que sudo, y claro que me canso, y claro que me duele, pero es hermoso… mi culo… después de spinning… es hermoso).

Queridas amigas, familiares, amigos, gente en general: no hay mejor cosa que dar la teta. Pueden leerlo, siempre, en todos lados, en cada estudio, siempre.
Queridas mujeres, si quieren pueden; esto y lo que sea.
Apóyense, infórmense, compartan info, recomienden asesorías (el apoyo a distancia salva, pero nada como el contacto con una asesora).

Quien dijo que “una imagen vale más que mil palabras” seguro no le tocó decir unas cuantas palabras mágicas por teléfono o whatsapp.
Abra cadabra, abra la mente, abra la oreja, abra el corazón, y abra bien los ojos: USTÉ, si quiere, PUEDE DAR LA TETA.

“Tengo mis principios y si no te gustan, tengo otros”

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Antes de ser mamá me molestaban lxs nenxs que gritaban y hacían quilombo; después de convertirme en mamá me siguen molestando pero también me convertí en un ser (un poquiiiiiiiiito) más tolerante que entiende que son nenxs.

Cuando nació mi primera hija quería asesinar a todo el que me cuestionaba cuánto tiempo amamantaría o por qué seguía amamantando.
Con el tiempo, y al nacimiento de mi segundo hijo, elegí entender que los comentarios hablan más de ellos que de mí. Elegí cambiar la ira por el compartir info, y trato (trato trato trato trato) de que así sea.

Cuando me encontré con otras mamás, que al igual que yo, necesitaron apoyo, una palabra, una palmadita, hice lo que me gustó que hicieran conmigo. Honré a esas amigas ENORMES que tuve cerca compartiendo los mismos abrazos e info que ellas me compartieron, esperando nada más que su bien, y soñando con que ellas hicieran lo mismo algún día.

No puedo negar que me enojé (muchas veces en silencio) cuando me cuestionaron los pañales de tela, los pañales desechables, el tiempo extendido de teta, la comida casera, pero con el tiempo entendí que esos cuestionamientos no hicieron más que afianzar nuestras decisiones como familia.

Que nunca tendría hijos. Que no tendría un segundo hijo. Que nunca me casaría. Que no me ataría a un crédito. Que nunca usaría jeans. Que jamás volvería a comer carne. ¿Besos en la boca a mis hijos? Jamás. ¿Comerme los restos de comida babeada? Obvio no.
Tiré tantas primeras piedras que ya perdí la cuenta.

Antes lo veía como un cambio de principios, hoy, después de mucho, creo que más bien es el principio del cambio, que para mí comenzó a mis 32.
Y desde entonces lo único rotundo que quiero que exista en mi vida es la seguridad de saber que todo “no” podría ser un “sí” y todo “sí” un “no”.
¿No?

En 4

SOMOS4Ya somos 4.

Hoy Joaquín cumple 3 meses y ya estoy en ese momento de la maternidad en el que dar al postparto como excusa, ya no da.

Somos 4. Así que, o estoy cambiando pañales, o dando la teta, o guardando juguetes, o laburando (con una mano, obvio), o tomando mate frío, o en el baño con la puerta abierta.
Pensar en esos 60 minutos completos que pasaba con mi psicóloga una vez cada 15 días, parecen tan lejanos… por eso este espacio. Por eso la necesidad de volcar acá lo que me pasa, lo que hago y lo que soy, o era, o ya no sé.

Una (GRAN) amiga, de esas que (te) llegan de adulta y ni en pedo esperás, me empujó y acá caí, en 4; pero mejor levantarme y escribir.

Empecemos entonces.