“Tengo mis principios y si no te gustan, tengo otros”

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Antes de ser mamá me molestaban lxs nenxs que gritaban y hacían quilombo; después de convertirme en mamá me siguen molestando pero también me convertí en un ser (un poquiiiiiiiiito) más tolerante que entiende que son nenxs.

Cuando nació mi primera hija quería asesinar a todo el que me cuestionaba cuánto tiempo amamantaría o por qué seguía amamantando.
Con el tiempo, y al nacimiento de mi segundo hijo, elegí entender que los comentarios hablan más de ellos que de mí. Elegí cambiar la ira por el compartir info, y trato (trato trato trato trato) de que así sea.

Cuando me encontré con otras mamás, que al igual que yo, necesitaron apoyo, una palabra, una palmadita, hice lo que me gustó que hicieran conmigo. Honré a esas amigas ENORMES que tuve cerca compartiendo los mismos abrazos e info que ellas me compartieron, esperando nada más que su bien, y soñando con que ellas hicieran lo mismo algún día.

No puedo negar que me enojé (muchas veces en silencio) cuando me cuestionaron los pañales de tela, los pañales desechables, el tiempo extendido de teta, la comida casera, pero con el tiempo entendí que esos cuestionamientos no hicieron más que afianzar nuestras decisiones como familia.

Que nunca tendría hijos. Que no tendría un segundo hijo. Que nunca me casaría. Que no me ataría a un crédito. Que nunca usaría jeans. Que jamás volvería a comer carne. ¿Besos en la boca a mis hijos? Jamás. ¿Comerme los restos de comida babeada? Obvio no.
Tiré tantas primeras piedras que ya perdí la cuenta.

Antes lo veía como un cambio de principios, hoy, después de mucho, creo que más bien es el principio del cambio, que para mí comenzó a mis 32.
Y desde entonces lo único rotundo que quiero que exista en mi vida es la seguridad de saber que todo “no” podría ser un “sí” y todo “sí” un “no”.
¿No?

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Mamátón

Existen carreras desde 1, 3, 5 kilómetros hasta 42 y cacho. Pero estas últimas no son las peores. Las peores son en las que compiten unos con otros por quién la tiene más difícil. Vida, días, trabajo, maternidad. Pfff.

 

Tenés que estudiar, además de trabajar y hacer tarea y dormís poco y los fines de semana se los dedicás a avanzar porque sino no llegás.

Estás sola, sin ayuda y tenés que, trabajar y tu casa y tus cosas y no te alcanza el tiempo. No vas al gimnasio porque de verdad no podés y comés lo que se te cruza porque no te da el tiempo (cuerpo, vida) para otra cosa.

Sos mamá. Nueva, del primero. Acaba de nacer y no entendés cómo carajo de pronto tenés un cuerpo que no era el tuyo, te robaron la puerta del baño y tu tiempo. La axila derecha jamás podés terminar de depilártela y usás los libros de mesita porque de leer ni hablamos.

Los terribles 2 y 3 y 13 y 25. El horror. Tu hija o hijo no paran y te exigen y te piden y escuchás más mamá que la palabra pedo en México. Sos a la que le va peor y nadie te entiende.

Na. Nada de lo anterior es tan grave. Porque sos mamá de 2 hijos y como eso no hay. Salvo que sean 3 o 5 o 7. Pero bueno, 2 está cabrón, porque si no estás con uno estás con el otro; porque si descuidás a una, se te rompe la otra. Hambre, sed, caca, pis. No, no hablo de vos, hablo de tus hijos. De comer, hacer pis o – – – – (lo escribo así porque a mucha gente le molesta que escriba CACA) ni hablar… no podrás en los próximos años…

 

Es una carrera y se llama LA CARRERA DE LA NO COMPRENSIÓN Y COMPASIÓN.

Tiempos, cansancios, agotores, necesidades, personales y relativos. Y además de quejarnos de nuestra propia carrera, nos quejamos acerca de cómo el que corrió la de 3, se queja, si yo corro la de 15 y miráme, no sudo ni una gota.

 

Yo estoy entrenando para no gesticular por ejemplo, cuando mi compañera de Crossfit, que tiene 22 me dice que está muerta porque salió y durmió 3 horas.

Quiero llorar. Prefiero hacer 20 burpies más que escuchar eso.

Me encantaría no juzgar pero no siempre puedo y confío en que cuando ella corra la carrera de más km se acordará de esos días en los que dormía 3 horas y se reirá. Porque a todos nos pasa.

Y si a todos nos pasa, entonces ahí está el aprendizaje: todos empezamos corriendo 1 cuadra y nos morimos en la esquina. Todos creímos que no avanzaríamos, que no nos daba el aire. Pero aquí estamos, con 3 trabajos, pocas horas de sueño, más hijos y además de vivir todos esos escalones que ya subimos, vivimos este, en el que estamos y nos parece TARRIBLAAAAA.

Pero saben qué: se viene uno pior y pronto extrañaremos esas 3 horas… como mi compañera de Crossfit. Así que… salgamos a correr, con la camiseta que queramos o que elijamos o que podamos. Y miremos más pa´delante que pal costado…

Preparados, listos, ¡SHA!

 

 

Sí de silencio

Se ha hablado mucho acerca de la teta; de la lactancia, pues.

Se habló bien, se habló mal, se habló acerca de lo que conviene y de lo que no; de beneficios, de contras. Se habló de tiempos, de momentos, de edades. Se la elogió, se la criticó, se la admiró, se la miró.

La teta, redonda, creó un círculo, un ir y venir de comentarios; un sinfín de observaciones.

Y tanto ya se dijo que cuando mi gran amiga Sabi me invitó a participar en este hermoso blog, me quedé muda.

No voy a escribir acerca de la OMS y sus recomendaciones pensé, ni de beneficios físicos para unos y para otros. No voy a plantar una bandera pro. No quiero cansar, repetir lo que ya dije una y otra vez.

¿Entonces qué? Entonces mejor preferí que escribieran los demás. Que quienes hablaran sean a quienes ya tanto conté y dije: ustedes, los que leen.

 

Empiezo entonces por la primera pregunta: ¿Tú diste la teta? Porque si diste la teta, sabes y entiendes aspectos que no necesito decir hoy acá. Sabes que el lugar lo marca el bebé, que el horario lo marca el bebé, que tu ropa, tus ocupaciones, tu sed y tu hambre, se ven sujetos al bebé.

Sabes mucho. Mucho más.

 

¿Alguna vez, acompañaste a una mujer amantando? No sé, por ejemplo, le trajiste un vaso con agua, serviste de respaldo o de apoyabrazos, o le preguntaste qué necesitaba para estar más cómoda.

 

¿Alguna vez te contuviste de dar tu opinión? Hayas amamantado o no, ¿diste tu opinión sin que te la preguntaran? No sé, acerca de momentos y lugares, o de mostrarse en público, o de tiempos prolongados, o de alimentación… se me ocurren solo algunas… ¿Diste tu opinión o te la guardaste? Pregunto esto porque a veces veo que piden que guardemos la teta pero ahí andan exhibiendo opiniones como si eso no diera vergüenza…

 

¿Alguna vez admiraste? Aplaudiste, amaste, envidiaste, quisiste más, a alguien que dio la teta. Amiga, hermana, pareja, paciente.

Yo sí, ojalá vos también J

 

¿Alguna vez leíste? Artículos, libros, notas. Información certera acerca de lo que dije que no iba a hablar.

 

¿Alguna vez amamantaste y no te gustó? ¿Pudiste decirlo, apoyarte en alguien, quitarte dudas? ¿Alguien te acercó un vaso con agua? ¿Eso hubiera ayudado?

 

¿Alguna vez te sentiste la mejor, la más grande, la más power power power? Tan hermoso sentimiento, único e inigualable.

Yo sé que les estaba preguntando a ustedes, pero no me aguanté. Pocas cosas tan grandes y dadoras como amamantar. Te donás. Por un rato, por un tiempo, largo o corto o mucho o poco, en el encierro o a la vista de todos, pero te das; y es tan divino.

Se ha hablado tanto de la lactancia, que tal vez es momento de dejar de hacerlo.

Tal vez es momento de escuchar.

Escuchar dudas. Escuchar a los bebés y responder. Escuchar a las mamás, qué necesitan, qué les vendría bien. Escuchar el silencio de quienes leen, de quienes se informan.

Tal vez es solo momento de dar la teta, y para eso, nada como un sillón cómodo, muchos almohadones, una jarra con mucha agua y el silencio.

 

 

Ese sentimiento (de) extraño o ¿Qué aprendí de la distancia en estos años?

Aprendí que es un proceso tan largo que es casi eterno, en el cual uno va yéndose de a poco, por años. Es un fade out que personalmente, aún ando transitando.

Aprendí que las relaciones cambian, sobre todo la de uno con uno, y luego, por ende, la de uno con los demás.

Aprendí que la distancia es de esas situaciones difíciles de comprender para quienes no las viven. Te dirán que sí, que obvio, que es re entendible, y no entenderán nada hasta que extrañan el sanguchito de miga o el terminar una noche cantando canciones de siempre, que todos se saben.

Aprendí a amar el Skype, Messenger, Whatsapp, Facebook, Instagram, o lo que sea que en el tiempo me achicó los kilómetros y me agrandó las sonrisas.

Aprendí que además del laburo que tengas (profesional, maternal) tenés otro más, que es tomarte ese café a distancia, con la gente con la cual no podés encontrarte semanalmente.

Aprendí que no cualquiera se la banca; ni irse, ni quedarse, ni mantener la cercanía a la distancia.

Aprendí que hay que ceder, en tiempos, en posiciones, en puntos de vista.

Aprendí a aceptar los aeropuertos. A saber que el nudo en la garganta y las lágrimas, desaparece y te las secás, en migraciones, y en seguridad ya volviste a la anormalidad habitual: extrañar como siempre. Tenés 2 piernas, 2 brazos, 1 corazón, 1 extrañamiento siempre. Siempre.

Aprendí que soy solo una chica, parada frente a un pasaporte lleno de sellos, pidiéndote que me escribas 😛

Aprendí con el tiempo, con los viajes; aprendí del camino en el camino.

Y a quienes me acompañaron en este tiempo, a quienes se sumaron y por qué no, a quienes se fueron, como diría Fernando Peña: gracias por volar conmigo.

 

 

 

LLO

Está el ello, el yo, el superyo y desde el domingo que vi bailar a Ana en el teatro, está también el llo.

Las 3 primeras no tienen nada que ver con la última que acabo de inventar, solo que suenan parecido y las junté.

El llo no es una instancia psíquica, el llo es un órgano conectado con el cerebro, el corazón, la experiencia, el trabajo, el sacrifico, la sorpresa, y las lágrimas claro. Llo de orgullo, llo de yo lloro y lloré.

 

Me voy para atrás en el tiempo y me acuerdo de cuando Ana no quería, por nada del mundo, entrar a sus clases de Danza a las cuales moría por ir y lloraba de pensar en que podría dejar de llevarla. Recuerdo también las veces que me quedé en la escuela sentada, cagada de calor o de frío, esa hora completa, para esperarla; ella no me veía pero sabía que yo la estaba esperando y ni loca me iba a mover… ¿y si justo salía y veía que no estaba? No fui capaz.

Nuestro esfuerzo, trabajo, ganas, emoción. De ella, de nosotros; hasta de los abuelos, que la llevaron o buscaron más de 1 vez.

Recordé las noches de mucha teta, el chupete (los 3 chupetes en realidad), los dientes, los pañales, el silencio, el llanto. Todo. De todo me acordé mientras Ana movía sus bracitos.

 

Todo eso pasó los últimos 5 años y el domingo, con las luces del teatro apagadas, en un escenario enorme y vacío, pero lleno con tan solo 5 nenas; y con música y la emoción de Joaquín viendo a su hermana, la admiré. No fue la primera ni será la última, pero en ese momento también la admiré.

Tan grande y sabia e instintiva, con sus movimientos y su vestuario y maquillaje y gel, mucho gel.

Eso que sentí lo sentí en un órgano distinto y no tengo dudas. Es una sensación diferente. Me hizo acordar a las primeras sensaciones de embarazo, o las primeras pataditas… no sabés qué es porque nunca lo habías sentido, pero no puede ser otra cosa y te hacés el análisis de sangre o la ves moviéndose en la eco, y lo confirmás, pero vos ya lo sabías.

En el teatro me pasó igual. Fue el llo, lo sentí en el llo.

 

Hay músculos que trabajo en el gym y que me ayudan a cargar a Joaqui. Hay músculos que me ayudan a calcular rápidamente cuánta torta necesito para todo el Jardín. Músculos que me lucen más con ciertos vestidos y otros que se me marcan después de tanto cagarme de risa. Y está este músculo, que después de muchos madrugones, desvelos, gastos y desgastos, pensar, elegir, decidir, trabajar y vivir, hace que mi corazón siga latiendo, que me caigan lágrimas, que se me hagan arruguitas alrededor de los ojos, que aplauda, que me salgan ruidos, solos, sin hacerlos yo; está este músculo que como tantos otros, no sabía que tenía hasta que me tocó en la rutina un ejercicio que me dio con todo y lo laburé, laburé laburé hasta que lo sentí.

Gracias Ana, por haber incluido en mi rutina de ejercicios, un trabajo tan hermoso como el que hicimos juntos estos años. Desde hace 5 y cachito y para siempre, las repeticiones que sean, vengan, que yo feliz.

 

Mamámigas

Viviendo fuera de mi ciudad natal hace ya tiempo, me pasó que conocí gente que lo único que nos unió fue nuestra nacionalidad. Gustos de comidas, algunas canciones, el Mundial (obvio) y alguna situación o experiencia para con México; pero fuera de eso, siempre sentí que en Argentina, probablemente no hubiéramos sido amigos.

La maternidad es casi como una nacionalidad. Tenés cara de, tenés casi un documento y es de esas nacionalidades a las cuales jamás renunciarás aunque renuncies ¡JA!

Y en estos 5 años desde que la adquirí también me encontré con gente que tal vez en otros ámbitos no nos hubiéramos encontrado o coincidido, y a pesar de que la razón de nuestro encuentro fue el embarazo o nacimiento o escuela o clases de, tenemos algo en común, o no lo tenemos pero lo anterior es tan fuerte u ocupa tanto lugar en nuestras vidas, que seguimos cerca.

Y ES WOW.

Es wow porque en la historia de la vida de una mujer el cambio de AM/DM (Antes de la Maternidad y Después de) es más drástico que el AC/DC (Antes de Cristo y Después de) para la humanidad.

Entonces estos nuevos actores de tu historia son geniales porque laburan casi 24/7 como vos y podés conversar a las 3 am como si fueran pm, y acerca de temas SOOOOPER importantes como el color de la caca; y no tenés que poner subtítulos o dar explicaciones porque el idioma que se habla en este lugar donde ahora vivís es ese: el del color de la caca, el de los provechitos, el de las marcas de pañales, y está todo ok.

Tampoco es importante estar peinada o vestida con onda, o vestida at all. Seguro ella también tendrá ojeras, leche o vomitito en la ropa, o caca en la frente… nada que una toallita no solucione.

Extrañás compartir con alguien acerca de las nuevas series o lugares ricos para ir a comer, pero la verdad es que ya no sos de ahí. Ya sos una outsider pero ojo, nadie te gana en canciones infantiles o en la nueva temporada de Poco Yo, ahí das cátedra.

Algunas de estas amigas son medio amigas y en realidad no las soportás. Compiten, presumen, te hacen sentir una outsider ¡hasta de esta nacionalidad que acabás de adquirir y es tuya! ¡¿Cómo se les ocurre?!

Otras son pasajeras porque cuando termina la charla de las papillas o de las obritas de teatro, llega ese silencio que no hay con qué remontarlo… Pero está todo ok, no hay rencor.

Y otras, son esas hermosas casua-causalidades que (esperemos) se quedan forever and ever ❤ viviendo felices, cansadas, hartas y hermosamente, en este gran país que te recibió a los golpes, haciéndote sentir ilegal, sin que nadie te explicara un carajo, y sin embargo, es el lugar más hermoso que podrías haber elegido para sentirte en casa ❤

 

6 cosas que antes me eran muy fáciles y ahora son misiones imposibles, y 1 que no me era tan fácil ni siquiera antes y ahora me es un horror

 

  1. Ser rápida trabajando y poder proyectar y medir mis tiempos.

Siempre pude, siempre cumplí en tiempos. Conozco, en base a los objetivos de cada trabajo, cuánto demoraré, cuánto me llevará, cuánto necesitaré.

Pero no puedo siempre contemplar los tiempos de alguien más (por alguien más me refiero a mis hijos). Llanto, siesta interrumpida, mal humor, hambre, hambre 15 minutos después de levantarnos de comer y no quiso comer.

Difícil. Lo que antes me llevaba 15 minutos, hoy puede demorarme hora y media, lo que me hace o trabajar de noche o trabajar menos o poder tomar menos trabajos.

 

  1. Comer comida caliente y cuando quiero y con las 2 manos.

Parece un básico pero no. Usar las 2 manos a veces es un lujo, lograr comer la comida al sacarla del horno casi nunca pasa, y lograr finalmente comer no siempre es un final feliz.

Te acostumbrás y no es terrible, pero esas veces cuando el mundo, la vida, las estrellas y los hijos se alinean y puedo (comer, comer con las 2 manos, comer comida caliente) es una belleza y lo disfruto y es genial.

 

  1. Lavar ropa y platos.

Antes hasta me daba vergüenza tener lavarropas. Era un lujo. Tener toda esa máquina para lavar 1 o 2 veces por semana, una locura.

Y lavar los platos, no me jodía. 1, 2, 5 vasos y tazas y platitos. Nada.

Ahora a veces siento que me encantaría tener 3 lavadoras para poder ponerlas al mismo tiempo y lograr solo lavar 3, 4 veces a la semana.

Y en cuanto a los platos, finalmente entendí a la gente que tiene lavavajillas. Ese hueco con salida de agua, destinado para otro artefacto más que hace algo que vos también podrías hacer y además te regala unos minutos de hacer otras cosas y te evita ese dolor de cintura por lavar 26458 platos y vasos y bowls y tazas y cubiertos y más cubiertos y más cubiertos.

 

  1. Viajar.

Antes, mochila, algo de ropa, algo de guita y a salir de viaje. Finde por medio, hasta ligar viajes de trabajo a algunos días aprovechando conocer.

Ahora, pañalera, ropa, mil ropita, dinero, documentos, bolsito con remedios, 3 mantas por si 2 las vomita. Mamá caracol, así me siento, cargando, no solo con la lista mental de todo lo que necesito, no solo con esas miles de cosas, sino con la culpa de lo que se me olvidó.

Lo que definitivamente no cargo ahora es un libro L Ya retomaré la lectura algún día…

 

  1. No cancelar. Ahora cancelo: doctores, salidas, juntas… me encuentro cancelando bastante a veces por cansancio, a veces por situaciones con los nenes, a veces porque a la escuela o clases de danza se les ocurre avisar de 1 día para el otro acerca de alguna actividad.

Esto es algo, que si bien entiendo que (la mayoría de) la gente entiende, no me gusta. No me representa, me molesta. Supongo que no será eterno y espero erradicarlo de mi vida y volver a ser la respetuosa de los tiempos de los demás que siempre fui, pero hoy, es medio una cagada*.

*Salvo esas veces que de verdad verdad verdad no quiero salir y justo Joaqui tampoco me lo permite. Esas veces, uf… son lo más.

 

  1. Que no se me olvidara algo.

En el embarazo perdés un 50% de atención, y la panza y la falta de memoria se quedan para recordarte lo hermosa que fue esa época.

Ahora siempre algo se me olvida. O que me avisaron de un cumple, o que me entregan la nueva heladera que compramos, o llevar ropita extra para cambiar al gordo, o devolver una llamada, o lo que sea. Siempre en algo la cago y es frustrante. Calculo que tiene que ver con tener 1 sola cabeza y pretender que este pequeño cerebrito alimente a otros seres también… difícil.

 

  1. Vestirme, elegir mi ropa para salir. Nunca me fue tan fácil en realidad pero antes sólo pensaba en mí. En qué me quedaba bien, en qué me era cómodo para la ocasión o que tenía a la mano y ya. Ahora pienso en que tendré que dar la teta, en que es posible que Ana me deje en culo levantándome el vestido así que mejor ponerme algo abajo; en que seguramente me tendré que sentar en el pasto o en la tierra o en el piso, a jugar; en que estaré cargando a Joaq y es posible que me traiga con él mi pollera así que mejor ponerme una bombacha coqueta (ja!).

Entonces, que me sea cómodo para la ocasión, que sea mi estilo, que me quede bien… son varios factores que no siempre combinan entre sí…

 

Compartí algunas, pero la lista podría seguir…

¿Alguien que me quiera compartir su pequeña o enorme lista?

 

viajeDEvieja

Amo las palabras y las letras, y, mientras pensaba en cómo cambió mi concepto de viajar con el paso de los años, descubrí una maravilla: viaje y vieja son la misma palabra con un intercambio de vocales ❤ y de eso hablaré en esta nota.

Pensaba en cómo desde que tengo memoria, me gusta viajar, pero que mi modo de hacerlo ha ido cambiando junto conmigo.

Antes, cómo llegar no era un tema importante. Un colchón en una traffic sin ventanas, con otras 10 personas; un Athos sin aire acondicionado con 4 personas más y una guitarra; muchas escalas, viajes largos, buses, daba igual siempre y cuando fuera la opción más económica.

Hoy, en cambio, comodidad, aire acondicionado, menor cantidad de paradas o escalas, horario de salida y llegada, son prioridad, y si cuesta un poquito más, estoy dispuesta con tal de llegar antes, más rápido, menos agotada o con menos calor.

¿Dónde dormir? ¿Dormir? Recuerdo que casi no dormía en las vacaciones, y si lo hacía, era alguna siesta en la playa.

Viajar de noche para ahorrarme noches de hotel, dormir en la playa, acampar, pagar unos pocos $ por hoteluchos o dormir 70 en un lugar para 2. Cuanto menos, mejor.

Hoy… mi yo del ayer miraría con cara de orto a mi yo de hoy, pero la verdad, prefiero el silencio, las sábanas limpias, y un colchoncito inflable si voy de campamento. Parte del presupuesto del viaje definitivamente va destinado a dónde dormir.

Comer era para los débiles. Ni loca gastaría en comida, a quién se le ocurre.

A mí, a la de hoy se me ocurre que estoy dispuesta a gastar en comida, a comer rico. A probar, a conocer, a buscar lugarcitos y a que esos paseos le agreguen sabor al viaje.

Si bien antes no existía Google ni Trip Advisor ni Airbnb, tampoco existía la necesidad para mí, de tener todo planeado; podía llegar e improvisar, inclusive en pleno Carnaval.

Hoy no, hoy AMO planear: lugares dónde dormir, planes de paseos, días y horarios… lo amo ❤ Hasta me armo mapitas por zonas para que cada día tenga un plan ❤

No puedo culpar a mis hijos y a sus necesidades, porque antes de ellos estuvieron las mías; mis necesidades. Fui abuela antes de ser madre y disfruto de los pequeños placeres que esto me genera.

Una vieja de viaje en un viaje de vieja. Ajusto mi cinturón y allá voy.